Plan de Okupación

Entrevista a Martí Rovira sobre la autogestión de una casa
Xiana Rodríguez Blanco y Celia Sales Valdés, 01/05/2016

Tomando una Senglaris, una cerveza elaborada en la sierra de Collserola, Martí Rovira nos espera en un bar mientras charla con algunos vecinos de La Floresta. Al parecer, se los conoce a todos. Levanta su brazo para indicar su posición y nos acercamos.

Martí, de 31 años, hereda de sus padres la inclinación cultural (vinculada al teatro) y política. Lo primero que nos llama la atención de él es su pelo repleto de rastas y el septum que cuelga de su nariz. Después sabemos que es hijo de un preso de la dictadura y que trabaja como profesor de música en una escuela pública de Rubí. Empezó con el violín para llegar al reggae, drum’n’bass y el scratch. Habiendo trabajado con niños desde muy joven, ya que su madre era profesora, decidió cursar la carrera de magisterio musical.

Tras apurar el último sorbo de su cerveza, se levanta y nos conduce hasta su coche. En veinte minutos atravesamos un trayecto de caminos sin asfaltar hasta la casa. Por fin llegamos a Can Modolell, una masía okupada en pleno Parque Natural de Collserola. Hace casi cuatro años Martí dejó una relación y se enroló en este proyecto. Fue entonces cuando empezó a plantearse las relaciones de pareja como una traba para la vida en comunidad que proyectaba para sí. En Can Modolell okupa por primera vez.

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Martí fumándose un cigarrillo de liar / Celia Sales
La historia de Can Modolell

Pregunta: ¿Cómo empezó tu vida en Can Modolell?

Martí: Buscaba una vida mucho más cooperativa. La autogestión sin comunidad no tiene sentido, es muy esclava. Necesitas vivir en grupo. Si vives en pareja, ¿quién cuida las cabras? Lo que me sucedió fue que, al año y medio de haberse okupado la casa, unas personas que vivían en ella me propusieron venir, ya que yo estaba de alquileres. Sugirieron que mi energía podría aportar mucha positividad al proyecto. Llevo casi cuatro años aquí.

P: Hace cuatro años se publicó un artículo en el semanario TOT Sant Cugat en el que hablabais de que queríais poner a disposición de cualquier persona las salas grandes de la planta inferior y teníais la intención de instalar una biblioteca y un pequeño skate park. ¿Habéis conseguido estos objetivos?

M: Sí, bueno. Lo que ha pasado con Can Modolell es que la casa estaba tan deteriorada que hemos puesto todos nuestros esfuerzos en su rehabilitación y todavía no hemos podido orientarlo todo al trabajo social. Intentamos hacer reuniones cada semana y poner puntos en la libreta. Básicamente, las casas okupadas pueden ser constructivistas o destructivas. Lo que nosotros planteamos iba más allá de llenar la casa de grafitis. Hablamos de habilitar un espacio en desuso. La idea de esta casa es que toda la planta baja sea un Centro Social en la que ya hay un taller. Hay una zona que sería una cocina industrial para gestionar todas las verduras del huerto que estarían abiertas en los campos de abajo. Y la sala de la chimenea y la otra para hacer las Jam Sessions. El espacio de abajo es para eso y a partir de la primera planta es vivienda. [Nos lo relata mientras lía un cigarrillo y, con su lengua, arranca una parte del papel]

P: ¿En qué se ha basado la reconstrucción de Can Modolell?

M: Sobre todo en recoger materiales para luego emplearlos en la reconstrucción del edificio. Materiales de obra comprados o reciclados de cualquier basura. Si te encuentras una ventana la traes y descubres dónde puede encajar. Así ya tenemos ventana y avanzamos. La verdad es que esta es la primera, o casi, casa que okupamos mis compañeros y yo, ya que veníamos de alquileres, de la casa de nuestros padres o de vivir en las furgonetas. Así que no había mucha experiencia en esto.

P: ¿No se ha vivido ningún desalojo en la casa?

M: No. Aquí estamos muy tranquilos jurídicamente. La policía apareció tras la okupación para hacer un desalojo cautelar, ya que lo primero que alegan es la falta de un contrato con arquitecto conforme el espacio no representa un peligro para la integridad física. Pero desde entonces no ha habido problemas. La propiedad de la casa está en un conflicto muy largo. Pasó de ser de la burguesía catalana a propiedad del director de una revista pornográfica que la quería convertir en su productora. Finalmente, este hombre se fugó a las Maldivas, por lo que la disputa está entre un banco andorrano y la justicia española. Esto es un entramado jurídico que nos da la tranquilidad de estar aquí por lo menos 30 años. Aunque las últimas noticias es que puede pasar a ser de un señor de Madrid.

P: ¿Y estáis preocupados?

M: La verdad es que no.

P: Hemos oído hablar de los contratos de masoveria, pero ¿nos podrías decir qué son exactamente?

M: Son pactos por los cuales el Ayuntamiento te deja una casa y tú la trabajas. Son proyectos con los que reconstruyes un espacio. Por ejemplo: un huerto. Tú trabajas el huerto propiedad del ayuntamiento y te quedas con la mitad de las verduras. En La Floresta hay proyectos de masoveria como la casa Sis Claus.

P: ¿Tenéis este tipo de contrato en Can Modolell?

M: No, para nada. Es una okupación en toda regla.

 

La autogestión, un modo de vida alternativo

P: ¿Qué significa el concepto “autogestión” y qué implica?

M: La autogestión es llegar a autoabastecerse tanto de energía como de alimentos por ti mismo, como individuo o como grupo, sin depender de nadie. Esto implica coexistir en grupo, trabajar un huerto y tener una gran capacidad de hacer conservas, tener animales y, a la vez, conseguir una producción de energía. Es como un pack. Digamos: no necesitar compañías externas. En el pasado la autogestión era un hecho, porque evidentemente no llegaba la luz ni el agua.

“La autogestión es llegar a autoabastecerse tanto de energía como de alimentos por ti mismo, como individuo o como grupo, sin depender de nadie”

P: ¿De qué manera conseguís los recursos?

M: Nosotros tenemos la suerte de que esta finca tiene un pozo que se conecta por debajo del río, donde instalamos una bomba y conseguimos hacer que el agua llegue hasta la casa. La luz la tenemos pinchada a un poste. Luego, utilizamos bombonas de butano, ¡y venga!

P: ¿Gente externa a la casa participa de esta autogestión?

M: Tenemos varios grupos que vienen. Lo que hacen son actividades como circo, danza o yoga. Incluso algún grupo de música viene a tocar y hacemos Jam Sessions. Pero no participan de la consecución de recursos. [Se acaricia una de las rastas]

P: En Can Masdéu, un día a la semana lo dedican a trabajar, llaman a voluntarios para que les ayuden a hacer algunas tareas como cuidar el huerto y, a cambio, les dan de comer. En un futuro, ¿os plantearíais hacer esto?

M: Sí, claro. Aunque nuestro problema es el jabalí. Hay muchos en el bosque y por eso tenemos que hacer un trabajo de vallado previo que aún no hemos realizado porque no tenemos tiempo. Es mucho curro y, además, todo el mundo trabaja. Nos levantamos todos a las ocho de la mañana, nos vamos a trabajar y llegamos por la tarde.

P: En estos momentos, ¿qué proyectos o reformas de la casa tenéis en marcha?

M: Ahora estamos empezando por el piso de abajo otra vez porque falta enladrillar la gran sala y, cuando acabemos, esta sala también la arreglaremos. Arriba ahora vendrá un chico que ha hecho una especie de contrato de masoveria él mismo con nosotros. Nos ha dicho que, a cambio de estar aquí cuatro meses o seis, nos arreglaba el torreón. Dentro de un tiempo, a lo mejor está acabado.

P: En cuanto a la vida en comunidad, ¿aprendéis u os ayudáis los unos a los otros?

M: Sí, lo que funciona muy bien es compartir los conocimientos. Por ejemplo, una persona es carpintero y nos enseña a todos. Dos son paletas, nos enseñan una vez a enladrillar y nosotros ya sabemos. Yo he aprendido en tres años una barbaridad de construcción. ¡La de veces que he estado aguantando animales con el bisturí o matando conejos o gallinas para comérnoslas!

P: Entonces, ¿las actividades diarias las hacéis juntos?

M: ¿El qué? ¿Las matanzas? [Empezamos a reírnos todos]

P: Me refería a cocinar juntos, a recoger comida…

M: Sí. Tenemos tareas. Hacemos una asamblea a la semana y hay tareas semanales y tareas mensuales. Entonces, tres personas están en limpieza, dos ordeñan la cabra cada día. De hecho, a mí me toca ordeñarla ahora. Luego dos personas se ocupan de los animales. La tarea mensual es la compra: te estás todo un mes haciendo la compra para diez personas. La otra tarea es la del tesorero, que es quien gestiona el dinero de todos. Gastamos sesenta euros al mes por persona en comida. Cada uno pone ese dinero, el tesorero lo guarda y quien va a hacer la compra lo pide. Hay otro bote común que es para el material. En éste ponemos cinco o diez euros al mes. Hay meses que no gastamos casi nada. A veces, cuando nos marcamos una meta como enladrillar la parte de abajo y hacen falta sesenta euros para cemento o cola, ponemos todos el dinero. Si alguna vez se ha estropeado el calentador del agua, cada uno ha puesto veinte euros y como somos diez llegábamos y podíamos comprar otro calentador enseguida. Es lo bueno que tiene también el ser muchos.

P: ¿En la casa hay veganos?

M: Tenemos dos vegetarianos, pero somos bastante carnívoros aquí.

P: ¿Y qué les parece cuando hacéis la matanza?

M: Hay muchas risas. [Todos nos reímos]

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Martí ordeñando a la cabra de la casa, Candela o “Candy” / Celia Sales
Relaciones con otras casas okupadas

P: ¿Recogéis ideas de otras casas okupadas? ¿Hay relación?

M: Sí. Con Kan Pasqual es la casa con la que más me he relacionado porque he ido a tocar música ahí muchas veces. Ellos llevan dieciocho años viviendo en esa casa. Son unos cracks. Han tenido hijos, tienen caballos, tienen huertos, tienen una biblioteca de autogestión… Bueno, vas viendo que esto no se hace en dos días. Aprendes el funcionamiento. Hay gente mayor que va enseñando a los pequeños. Es muy fácil caer en la ludoteca, es decir, que se convierta en un sitio lúdico. Como ya he comentado, hay muchas casas que se autodestruyen en vez de construirse.

“Hay muchas casas que se autodestruyen                                                               en vez de construirse”

P: ¿En qué sentido?

M: En el sentido de que caen en la dejadez, en las drogas. También la convivencia influye. Es muy difícil encontrar un grupo de diez personas que funcione. Llevarse bien con tanta gente es casi mágico, astral. Muy difícil.

P: En cuanto a la relación con otras casas como la de Can Vies, cuando hay un desalojo ¿vosotros os movéis?

M: No tenemos mucho contacto, pero sí que seguimos las noticias y podemos ir a dar apoyo, pero somos tan jóvenes que no somos una entidad como éstas. Se trata de gente  que ha pasado por mil cosas. Yo he hecho un concierto o dos en Can Vies durante las jornadas de repoblamiento. Ahí es otro nivel. Nosotros somos más una vivienda con expectativas de que algún día haremos cosas guays para el pueblo.

P: Queríamos que nos hablaras un poco de la diferencia entre okupación y ocupación.

M: Los dos conceptos son reivindicativos. Pero sí, puedes decir que unos son más punkies que los otros. Está en la constructividad de tus acciones. Hay muchas casas que se okupan y en las que no se hace ni una acción social. Y nosotros a lo mejor hacemos muy pocas, pero porque dedicamos mucho tiempo a la rehabilitación del edificio y estamos aquí tranquilos. Nadie nos dice nada tampoco. Vivimos a nuestro ritmo.

P: Entonces, ¿no crees que ese otro tipo de okupación os afecte de ninguna manera?

M: Sí. Esto es de cara a los vecinos. Antes mucha gente pasaba por delante de la casa, veían una montaña de escombros y cuatro perros y se pensaban algo raro. Pero luego hablábamos con estas personas, les enseñábamos la casa por dentro y alucinaban. La gente no se imagina que lo tenemos tan bonito. Y es eso, es un poco romper tabúes que muchas veces han hecho daño. Estos son los prejuicios que tiene la gente sobre la okupación. A veces no saben que uno es un maestro, que el otro es un veterinario, el otro un carpintero… Se establecen más relaciones. En cuanto a los vecinos, la relación es muy tranquila. Los vecinos de La Floresta están acostumbrados y nos conocemos porque una es la panadera, otro es el jefe de uno que vive aquí… El veterinario que vive con nosotros cuida de la mitad de los perros de los vecinos…

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Martí en el torreón de Can Modolell / Xiana Rodríguez

P: Nos dijiste que el proyecto era muy joven y que aún no alcanzabais el ideal de “autogestión”. ¿Qué objetivos os marcáis para conseguirlo?

M: No sabemos a qué ritmo irá. No hay una secuencia hecha de cuándo vamos a acabar. Sabemos que ahora toca piso de abajo, que en verano falta más gente y, por lo tanto, no puedes trabajar tanto. A veces, nos marcamos metas muy fuertes, las cumplimos, pero luego nos cansamos de trabajar, estamos un tiempo descansando y luego volvemos a ponernos en marcha. Unas veces se sincroniza muy bien y otras se desincroniza.

P: ¿Puedes hacernos una pequeña crónica de esta casa en su día a día?

M: El día a día es levantarse, abrir el corral de las gallinas a quien le toca, dar de comer a los gatos… Tienes muchas obligaciones, pero somos muchos y las tareas están bien repartidas. Cuando llega el mediodía, come quien está en casa (suele haber poca gente), y por la noche comemos todos juntos. Generalmente hay dos cocineros, se apuntan en la pizarra y, al día siguiente, cocinan otros dos. Así, durante la semana cocina todo el mundo y no hay sobrecargas.

Acabada la entrevista, agradecemos a Martí que nos haya dedicado su tiempo. Con la misma generosidad con que nos ha atendido, nos acerca con su coche hasta el mismo bar en el que lo encontramos un rato antes tomándose una caña.

 

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